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Con motivo del día mundial de los derechos de los consumidores, que se celebra el 15 de marzo, la Unión de Consumidores de España quiere aprovechar para hacer un llamamiento a los ciudadanos para que sean firmes en la defensa de sus intereses como consumidores.

La crisis económica no solo está afectando a la inmensa mayoría de los consumidores reduciendo sus ingresos -ya sea al perder sus empleos o como consecuencia de los ajustes públicos y privados-, sino que también está elevando de forma considerable los gastos a los que se tiene que hacer frente.

Dejando a un lado los fondos públicos multimillonarios que el Estado está destinando a la protección de determinados grupos empresariales, es evidente que cada día nos despertamos con el anuncio de una nueva subida de precios. Llevamos meses amenazados con la imposición del copago en aquellos servicios públicos que hasta ahora no lo exigían y en aquellos en los que ya pagamos se anuncian nuevas subidas que se acumulan a las ya sufridas en el transporte público, la tasas de agua y vertido, la recogida de basuras, etc. Pero por si faltaba algo, en sectores de servicios básicos, ejercidos por grupos de empresas privadas en régimen de cuasi monopolio, como el sector eléctrico o el de los carburantes, suenan ya los tambores de nuevas y dolorosas subidas de precios.

Poco podemos hacer los consumidores para evitar la merma en nuestras economías familiares, las medidas de ahorro ya se tomaron meses atrás y todos los sectores que suben son servicios de los que difícilmente podemos prescindir. Todos los días necesitamos encender la luz, tomar el metro o el autobús, llevar a los niños al colegio, ducharnos o acudir al médico. Mientras que las empresas que prestan estos servicios viven tiempos de reparto de beneficios, o si están en problemas el Estado acude presto con nuestros impuestos a salvarlas.

En estas condiciones vemos además cómo los servicios empeoran, los mismos bancos que se salvan con nuestro dinero nos suben las comisiones, nos echan de nuestras casas, nos obligan a contratarles productos que no necesitamos. Disminuye la competencia, fracasa la liberalización del sector eléctrico y la distribución de carburante queda en cada vez menos manos.

Frente a todo esto la Administración, no solo no combate las prácticas abusivas de las grandes empresas, sino que las protege, llegando en ocasiones a humillarse ante ellas pidiéndoles por favor que tengan a bien acceder a la dación en pago porque los gobiernos no se atreven a escuchar el clamor de los ciudadanos. Por si fuera poco, además vemos con preocupación cómo se desmantelan los sistemas de protección de los consumidores, se disminuyen los presupuestos, se cierran oficinas de información, se rebaja el salario de los funcionarios o no se cubren las plazas necesarias para el buen funcionamiento de los servicios, no se dota a los tribunales de arbitraje de fondos suficientes, se acorrala económicamente a las organizaciones de consumidores. Se hace desaparecer el Instituto Nacional de Consumo. Todo bajo el amparo de la crisis y la falta de fondos públicos.

Ante este panorama al consumidor español solo le queda la autoprotección. Debemos incrementar nuestra exigencia en defensa de nuestros derechos y hacerlo permanentemente. No podemos dejarnos avasallar ante tanta imposición pública y privada. Hemos de asumir comportamientos particulares ante cada abuso, pero también colectivos.

Estos veinticinco años de trabajo de las organizaciones de consumidores y, en particular, de la Unión de Consumidores de España han servido para ir cambiando una cultura de la queja por la cultura de la reclamación. Pero ha llegado el momento de pasar a una cultura de la reivindicación. En la constante confrontación con los intereses de las grandes corporaciones las Administraciones no están de nuestra parte, las empresas amparadas en su poder económico imponen a los gobiernos sus condiciones y los precios que nosotros debemos pagar. Es necesario hacerles frente, pelear a cara de perro cada uno de nuestros derechos, denunciar los abusos, cuando podamos, de forma individual, cuando no podamos, cada vez más de forma colectiva. Ha llegado el momento de unirse, de sumarse a las organizaciones de consumidores, de fortalecerlas, de utilizarlas como instrumento frente al poder de las corporaciones y su desmedida avaricia.



 
   
 
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